infimo infimo

Si los domingos (veraniegos…) son, en el imaginario medio, días de tedio, colecciones de horas consagradas a flotar en la indeterminación, “¿qué quiero hacer?“, cúmulos de idas y vueltas entre lo más banal y lo más fundamental de nuestras vidas, dificultad para ducharse o para salir de la ducha, y la certeza de que nada, nada bueno puede salir de este calor, hoy no fue la excepción. Salí de casa con la idea de comenzar a recorrer el circuito habanero de madrid. Mi amigo Weil me comentó hoy, en respuesta a un mensaje vía Facebook en el que le comentaba de los excelentes precios que tiene el tabaco en Madrid, lo que sigue: ” Sí, España es, luego de Cuba, el lugar donde los [puros] Cubanos se consiguen más baratos, por un tema especial entre ambos [países].” Weil está feliz, porque tiene una mascota nueva, y eso está bien. Salí de casa, decía, dispuesto a fumarme algo notable. Cargaba con el cedro, y fui hacia Puro Placer, en la calle Barquillo. Ya en los primeros metros noté algo preocupante: no había nadie, nadie nadie en ningún lugar, todo estaba cerrado, y hasta las putas habían escapado. Llegué a Puro Placer resignado, por lo que el hecho de que estuviera cerrado no me afectó. Di media vuelta y me metí por Chueca, hasta que encontré un bar abierto, completamente vacío. Me senté, pedí un café, y saqué la foto que abre este post.
Fumé accidentadamente: el puro estaba más seco de lo que yo esperaba. El café estaba más que perfecto, por suerte. El tipo del bar (Acaso el mozo-dueño) me trajo un El Pais de ayer, con las mismas noticias que había leído en internet. Por cortesía acepté la oferta, y me puse a hojear. Encontré lo que sigue, casi sorprendente, y un poco menos que inter

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